EL G-20 DEJÓ UN LEGADO INTANGIBLE, PERO VALIOSO

Durante dos días se concentraron aquí los líderes que representan nada menos que el 85% del producto bruto mundial, el 65% de la población, el 75% del comercio internacional y el 80% de la investigación y el desarrollo. Cada quien podrá tener su opinión acerca de la realidad global actual. No por ello podemos caer en la torpeza de ignorarla.

No solo vinieron los primeros mandatarios de los países integrantes del mayor club de poder real del mundo, sino también, entre otros, países invitados muy relevantes para la Argentina, como España y Chile, y los presidentes del Banco Mundial, la OCDE, la OMC, la OMS, el BID y el FMI. Cada uno de ellos llegó acompañado por numerosas comitivas, incluyendo empresarios e inversores que querían conocer de primera mano qué sucede aquí.

"Alguno se baja, seguro, vas a ver". Vinieron todos. Incluida Angela Merkel, que debió tomarse un avión de línea para llegar. "Trump se va rápido". Se quedó dos días. "Rompe la cumbre y pega un portazo" como hizo en junio pasado en Canadá. Se quedó hasta el final. "No se junta con el presidente chino, Xi Jinping". Se reunieron por más de dos horas. "Esa reunión, si se hace, termina mal". Concluyó con aplausos y puso una tregua de 90 días a la guerra comercial vigente entre las dos principales potencias del mundo. El comunicado oficial emitido cerca de la medianoche del sábado por la Casa Blanca decía: "El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, y el presidente Xi Jinping, de China, acaban de concluir lo que ambos calificaron como un encuentro muy exitoso entre ellos y sus más encumbrados representantes". Rápidamente los medios globales se hicieron eco de la buena noticia. Es muy probable que los mercados financieros también lo hagan.

"No se firma ningún documento, esto es para la foto". Firmaron un documento de consenso. "Si firman un documento, va ser lavado, tendrá como máximo tres páginas y no dirá nada sustancioso". Tiene 40 páginas y 31 puntos de acuerdo. "Va a ser un caos, como en Hamburgo. Si no pudieron los alemanes en el último G-20, ¿cómo vamos a poder nosotros?". Hubo protestas y marchas, como sucede en cada G-20, pero las medidas de seguridad, inteligencia, negociación y persuasión funcionaron. Los manifestantes marcharon expresando su descontento con "el sistema", los líderes debatieron y negociaron sobre cómo lidiar con los gigantescos desafíos que hoy tiene ese sistema.

Sistema que cruje por todas partes provocando disrupciones una detrás de otra, que incrementan su volatilidad y fragilidad. La homogeneización de los deseos que generó la propia globalización se enfrenta hoy con la fragmentación de las posibilidades. Se puede desear lo que se conoce, pero es muy difícil desear lo desconocido. Internet primero, y luego de manera exponencial las redes sociales, les ha abierto las ventanas del mundo a los ciudadanos. Como en el anticipatorio Aleph de Borges, el avance tecnológico finalmente puso en los smartphones de millones de personas un punto que contiene todos los puntos del universo: "...vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria. Luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. Vi interminables ojos inmediatos incrustándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó...".

Ahora que todos conocen todo y pueden verse en el reflejo de todos, todos quieren todo. Pero no todos pueden todo. Y eso genera globalmente una era de decepción y descontento. Lo demuestran los bajos niveles de aprobación en las gestiones de muchos de los mandatarios que nos visitaron. Gobernar hoy, cuando la conectividad ha democratizado y masificado la crítica instantánea, no es nada fácil.

La región no escapa de ninguna manera al fenómeno global. Solo el 48% valora la democracia como el mejor sistema de gobierno. El punto más bajo en 17 años (fuente: Latinobarómetro 2018). Ni el mundo ni la región son Disneylandia. ¿Qué hacemos entonces? Escondernos, irnos. ¿Adónde? Parece más sensato tratar de decodificar las reglas de juego y de influir de alguna manera que resulte positiva para nosotros en ese intrincado tablero.

Eso fue lo que sucedió en nuestro país durante el fin de semana. Si hubiera salido mal, como muchos presagiaban, la catarata de críticas habría resultado indigerible. "¿Viste?, te dije. Le mostramos al mundo lo que somos. No tenemos arreglo". Nos hubiéramos flagelado hasta el hartazgo, una vez más, con el regodeo que nos produce el fracaso crónico. Extraño fenómeno que ha cooptado nuestra cultura desde hace muchos años. Y que en algún punto, tal vez de manera inconsciente, nos deja en el lugar confortable de no involucrarnos. ¿Qué sentido tendría invertir nuestro esfuerzo y poner en juego nuestra libido si total va a terminar mal? El fracaso es más cómodo que el éxito. No se trata ni de este gobierno ni de este momento. Lleva décadas. Alimentado, en buena parte, por razones atendibles de la historia. Muchas veces, las cosas han terminado mal en la Argentina. Innumerables hechos les dan la razón a los descreídos.

El presente se resignifica al volverse pasado. El tiempo dirá, cuando podamos apreciarlo con más perspectiva, qué nos ha dejado finalmente el G-20. Se firmaron tratados para nuevas inversiones con muchas potencias en múltiples ámbitos relevantes, como energía, infraestructura y exportaciones.

Se aceitaron las relaciones interpersonales jugando de local con los líderes más importantes del mundo. Se vivió una experiencia memorable en el Teatro Colón. Se mostró lo mejor de nosotros en ámbitos como la gastronomía, la arquitectura, el diseño, la creatividad, el arte y la naturaleza. Sin embargo, quizá lo más trascendente no pueda percibirse a simple vista.

Hoy la vida sigue. Pero en el contexto del convulsionado mundo en el que vivimos, y de lo intratable que resultó este 2018 para nuestra sociedad, al menos por un rato nos dimos la chance de probar cómo se siente el orgullo por la tarea cumplida. Nos demostramos a nosotros mismos que cuando se hacen las cosas bien pueden terminar bien. Quizá sea este el mayor legado.

 

Números que contrastan

4/5%

Caída en alimentos

Es la estimación de baja del consumo en noviembre

17

Reuniones bilaterales

Es la cantidad de encuentros que tuvo Macri en el G-20

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